A pesar de la transición política iniciada en enero, el trauma de las celdas de la Dgcim y el Helicoide sigue vivo. Mañana, en Ginebra, la Misión de Determinación de los Hechos presentará un informe que recuerda que el dolor no se borra con decretos.
CARACAS – Carlos todavía se despierta sobresaltado en su casa de Petare. No es el ruido del barrio lo que lo desvela, sino el recuerdo eléctrico del metal frío en sus muñecas. Para él, y para cientos de venezolanos, la tortura no es un capítulo cerrado en los libros de historia, sino una presencia física: la memoria de «el pulpo», ese cinturón diseñado para anular la voluntad humana en las sombras de la Dirección General de Contrainteligencia Militar (Dgcim).
Este jueves 12 de marzo de 2026, esa realidad individual se convertirá en un expediente global. La Misión Internacional Independiente de Determinación de los Hechos sobre Venezuela presentará su actualización oral ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra, durante su 61° periodo de sesiones.
Un sistema diseñado para quebrar
Lo que la Misión pondrá sobre la mesa no son «excesos» aislados de funcionarios, sino la confirmación de una política de Estado. El informe técnico busca desmenuzar cómo el dolor fue convertido en un engranaje burocrático dentro de lugares que hoy son sinónimo de horror:
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Boleíta y El Helicoide: Centros donde la tortura se institucionalizó como método de control.
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«El Pulpo»: El uso de dispositivos mecánicos de inmovilización para prolongar el sufrimiento sin dejar marcas letales inmediatas.
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La Tensa Calma: El clima social de 2026 donde, si bien la violencia abierta ha mutado, el aparato represivo sigue latente.
La transición frente al espejo de la justicia
Venezuela atraviesa una fase crítica tras la transición política de enero. Sin embargo, el «hedor» de las celdas subterráneas sigue impregnado en las instituciones. Para las víctimas, la justicia no es solo un cambio de mando, sino el desmantelamiento de las estructuras que permitieron el vejamen.
«Las cicatrices no son solo marcas en la piel, son el testimonio de un país que fue administrado a través del miedo», señalan activistas locales de derechos humanos.
La comparecencia en Ginebra representa un recordatorio incómodo para la nueva administración y la comunidad internacional: no puede haber una paz duradera sobre una fosa de impunidad. Mientras Carlos sigue sintiendo el frío del metal en Petare, el mu





