Hoy, la ciudad de Coro, capital del estado Falcón y Patrimonio de la Humanidad, siente un profundo vacío: ha partido físicamente Tito Guerra, el insigne profesor, comunicador y, sobre todo, su Cronista Sentimental más apasionado.
Tito Guerra no fue un simple relator de la historia; fue un guardián incansable de la corianidad, un término que defendió con su palabra, su pluma y su inconfundible vestimenta tradicional. Su vida fue un constante acto de amor por la tierra que lo vio nacer.
Si hay una frase que resonará eternamente en las calles de Coro, es su lema de vida:
»Coro quiere gente que la quiera.»
Este no era un mero slogan; era un diagnóstico, un ruego y un mandato. Era su llamado a que cada coriano, o quien hiciera vida en la ciudad, se asumiera como un doliente y defensor del acervo histórico y el calor humano que caracteriza a Falcón. Tito Guerra nos enseñó que el amor por la ciudad se demuestra con identidad y compromiso.
Defensor de la Identidad: Desde la radio, la televisión y cada tribuna que pisó, Tito Guerra dedicó su energía a rescatar el valor de la «tierra primogénita», la primera ciudad fundada en tierra firme.
Maestro de Maestros: Su faceta como profesor de educación física y comunicador lo llevó a ser un educador integral, formando a generaciones en el orgullo de sus raíces.
El Calor Humano como Patrimonio: En un mundo de prisas, él insistía en que la querencia y el abrazo sincero eran tan valiosos como las casas coloniales del centro histórico.
Un Símbolo que Permanecerá
Tito Guerra deja un vacío irremplazable, pero también un legado imborrable. Su figura, con su guayabera, su pantalón pulcro y su boina, se ha instalado en el imaginario colectivo como el más fiel representante de la nobleza coriana.
La mejor manera de honrar la memoria del Cronista Sentimental es hacer propio su mensaje. Que su partida sea el recordatorio de que Coro sigue necesitando y queriendo a la «gente que la quiera».
¡Que en paz descanse el gran Tito Guerra!





