A más de un mes de los devastadores terremotos del pasado 24 de junio, decenas de familias en La Guaira enfrentan una dolorosa encrucijada. Ante los planes gubernamentales de avanzar con la demolición de los edificios afectados, los habitantes de sectores como Playa Grande (Residencias Luisa Cáceres de Arismendi / OPP36) y Caraballeda alzan su voz para exigir tiempo y recursos para rescatar los cuerpos de sus familiares atrapados bajo el concreto.
Puntos Clave
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El clamor de los afectados: Los familiares denuncian que conviven diariamente con el polvo, la incertidumbre y el olor de la descomposición, exigiendo una sepultura digna.
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Testimonios desgarradores: Casos como el de María Ugas, quien perdió a ocho miembros de su núcleo familiar (incluyendo a su esposo, hijos, nietos y sobrinos), evidencian la magnitud de la tragedia y la desesperación ante la falta de maquinaria especializada.
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Labores ciudadanas: Ante la lentitud o ausencia de respuesta oficial inmediata en las primeras horas, fueron los propios vecinos quienes iniciaron las labores de remoción de escombros utilizando herramientas manuales.
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Conflicto institucional: La protesta surge directamente en contra de las órdenes de demolición anunciadas por las autoridades, las cuales —según los afectados— pondrían fin definitivo a la posibilidad de recuperar los restos de las víctimas.





