El abismo venezolano: Entre los escombros de la tragedia y el colapso del Estado

Jul 5, 2026

Venezuela amaneció el 3 de julio de 2026 sumida en la desolación que dejaron dos terremotos consecutivos y tres décadas de chavismo. La imagen fue dantesca: miles de personas removieron escombros con las manos para rescatar a sobrevivientes, mientras el Estado evidenció su absoluta incapacidad para responder con la rapidez que exigió la tragedia. Aquella devastación generalizada exhibió una realidad que ya no admitió disimulos: la ausencia total de poder y el colapso de un Estado que dejó de cumplir sus funciones esenciales.
​Lo que se presenció en aquellos días no fue una crisis aislada, sino la crónica de una implosión largamente anunciada. La tragedia sísmica actuó como un catalizador despiadado que terminó de despojar a las instituciones venezolanas de su última máscara. La inoperancia para gestionar la emergencia —para rescatar, socorrer y organizar— fue la consecuencia directa de una erosión institucional que dejó al país en una situación de indefensión absoluta. Un Estado que no garantizó la vida ni la seguridad de sus ciudadanos, dejó de existir como tal para convertirse en una estructura vacía.
​En aquel escenario de desolación, la advertencia de Blanca Rosa Mármol de León, expresidenta de la Sala de Casación Penal del Tribunal Supremo de Justicia, resonó con la urgencia que el momento exigió. Mármol sostuvo que Washington ya había ejecutado su decisión con la captura de Nicolás Maduro y que, a partir de ese punto, correspondió exclusivamente a los venezolanos restablecer el orden constitucional.
​El vencimiento del plazo constitucional del interinato, aquel viernes 3 de julio, funcionó como el punto de ruptura definitivo. La permanencia de Delcy Rodríguez al frente del Poder Ejecutivo, desprovista de cualquier fundamento jurídico, desapareció y prolongó una agonía que el país ya no pudo soportar bajo el peso de los escombros.
​Venezuela se encontró en aquel entonces ante una encrucijada existencial donde la realidad institucional se desmoronó por completo. La desolación que cubrió el territorio nacional se convirtió en el doloroso recordatorio de que, cuando un Estado falla en su misión última de proteger a su gente, pierde irreversiblemente su derecho a gobernar. Aquella fecha marcó el inicio de una etapa donde la urgencia de la transición y el restablecimiento del orden se volvieron imperativos para quienes, entre el polvo y el dolor, reclamaron un futuro distinto.
​¿Qué lecciones cree usted que dejó este colapso institucional para la reconstrucción del orden democrático en Venezuela?

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